Cargando...

viernes, 26 de septiembre de 2014

Contestando a los ignaros castrocomunistas

Cuando desmantelé las falacias de una imagen viral a favor del gobierno dictatorial de los Castro en mi artículo titulado Cuba: la isla de la infelicidad (el cual ha sido reproducido en Cubaencuentro.com con mi autorización), tuve el presentimiento de que habrían reacciones por parte de sus partidarios, quienes actuarían airadamente al saber que han abusado de su credulidad con datos con los cuales no están familiarizados; estos datos siempre están disponibles en fuentes oficiales cuyos informes, si bien tienen datos confiables, no sólo suelen poseer un vocabulario pesado sino que también suelen estar en inglés, por lo cual muchísimos hispanohablantes no hacen una parada en su viaje internetero con el objeto de contrastar si lo que dicen ciertos medios de comunicación concuerda de verdad con lo que ha sido mencionado en los organismos internacionales. 

Por lo que he observado recientemente, la arremetida de la izquierda reaccionaria ha sido furiosa, pero no en contra de los mentirosos en sus filas sino en contra de quienes les quitan su careta de estafadores ideológicos. Por tanto, lo que se hará subsecuentemente es contestar las atolondradas dizque refutaciones de los castrocomunistas cuya línea argumentativa se asemeja a la de Humberto Herrera Carles, quien ya redactó toda una entrada de su blog para intentar desacreditar mi campaña contra la desinformación mamerta/ñángara/chaira con la cual parece haber gente empeñada en perpetuarla.

jueves, 11 de septiembre de 2014

¿Por qué no se pueden demostrar afirmaciones con resúmenes?

Una portada de la revista científica Nature.
Últimamente se ha puesto de moda que en los debates acalorados se finja el dominio del tema mediante enlaces a publicaciones de las cuales sólo se puede ver el resumen (o abstract, en inglés), cuando lo ideal es que se pueda consultar el trabajo académico completo. Esta tendencia, desdichadamente en aumento, muestra cómo la pereza mental es capaz de preferir la digestión rápida de la información al examen riguroso de la misma, masticando con lentitud cada uno de sus bocados que devienen en los bolos alimenticios a procesarse dentro del sistema digestivo de la razón, en el cual se absorben los nutrientes y se expulsan los desechos. En los párrafos subsiguientes se explicará por qué dicha tendencia es ilógica e inútil para asumir la carga de la prueba.

Valgámonos, primero que todo, de ejemplos didácticos a través de la literatura y la filosofía. Cuando se juzga, analiza, valora y comenta una novela o concepto, es preciso conocer a cabalidad esa novela y ese concepto leyendo la obra, no sólo la introducción, ni la sinopsis de la contraportada y mucho menos el spoiler de la Wikipedia porque ninguno de estos tres tipos de resumen cuenta la trama argumental, así como tampoco las disquisiciones del autor. Observemos con mucha atención dos casos de ello: el de Isabel Allende en La casa de los espíritus y el de Jean-Jacques Rousseau en su Contrato social.
La casa de los espíritus narra la saga familiar de los Trueba, desde principios de siglo hasta nuestra época. Magistralmente ambientada en algún lugar de América Latina, la novela sigue paso a paso el dramático y extravagante destino de unos personajes atrapados en un entorno sorprendente y exótico. (...) Una novela de impecable pulso estilístico y aguda lucidez histórica y social.”1
“Quiero averiguar si puede haber en el orden civil alguna regla de administración legítima y segura tomando a los hombres tal como son y a las leyes tales como pueden ser. Procuraré aliar siempre, en esta indagación, lo que la ley permite con lo que el interés prescribe, a fin de que la justicia y la utilidad no se hallen separadas.
Entro en materia sin demostrar la importancia de mi asunto. Se me preguntará si soy príncipe o legislador para escribir sobre política. Yo contesto que no, y que por eso mismo es por lo que escribo sobre política. Si fuese príncipe o legislador, no perdería el tiempo en decir lo que es preciso hacer, sino que lo haría o me callaría. 
Nacido ciudadano en un Estado libre, y miembro soberano, por muy débil influencia que pueda ejercer mi voz en los asuntos públicos, me basta el derecho de votar sobre ellos para imponerme el deber de instruirme: ¡dichoso cuantas veces medito acerca de los gobiernos, por encontrar en mis investigaciones razones para amar al de mi país!”2
Lo recién citado es un adelanto de lo que el lector hallará al momento de sumergirse en los libros, mas no se señala el final del relato de los Trueba ni se desentraña la perspectiva política rousseauniana. Por tanto, ambos resúmenes no cuentan como evidencias en un debate literario o filosófico porque éstos no tienen la intención de probar un punto de vista sino de comprimirlo en pocas líneas. Desde luego, la única forma de comprender la cosmovisión de alguien es adentrándose en sus textos porque la feminidad en la novela de Allende y el pensamiento de la Ilustración del Contrato no se pueden entender con síntesis.

viernes, 22 de agosto de 2014

Cuba: la isla de la infelicidad

La manera más irracional de defender un país o al gobierno que lo rige es mediante idealizaciones claramente cargadas de prejuicios excesivamente optimistas, los cuales siempre tuercen la realidad que tenemos enfrente. En estas idealizaciones, el sesgo político sustituye los datos sobrios con copas de ideas ebrias en tergiversaciones, sobresimplificaciones, falacias y mentiras que transforman lo infernal en paradisíaco. En el caso de Cuba, la izquierda reaccionaria ha gastado enteros arsenales retóricos en presentar a esta nación como un digno ejemplo que debe ser seguido por el resto de Latinoamérica para trascender el esquema del capitalismo norteamericano encabezado por los Estados Unidos. Cuba es, desde este enfoque, un hermoso lugar.

El “sueño cubano” ha sido aupado en Internet con escritos variopintos e imágenes que circulan a menudo en las redes sociales como la que acompaña esta entrada; la de un maquiavélico Tio Sam cuyos brazos bestiales cubren la isla caribeña con una demoníaca mirada. En esto último he de centrar el análisis de los párrafos subsiguientes, el cual contrasta las afirmaciones de su texto (a excepción del tema del embargo de los Estados Unidos porque eso es harina de otro costal) con la información que de verdad circula en la red, principalmente según fuentes oficiales, las cuales permitirán demostrar que la idílica perspectiva pro-Cuba está desenfocada y tiene una visión distorsionada de los hechos a los que presuntamente dice atenerse.

jueves, 31 de julio de 2014

Las líneas humanas de Nazca

A Perú, como a cualquier otro país portador de riquezas arqueológicas, le sobran los enigmas en cuanto a sus civilizaciones antiguas y oportunistas que se lucran de ellos para comerciar ilegalmente con el patrimonio histórico-cultural, aunque estos oportunistas tampoco tienen escrúpulos para adjudicarse el descubrimiento de supuestas verdades que no existen y que nunca existieron. Machu Picchu y Sacsayhuamán, por ejemplo, son lugares donde las construcciones tienen una magnificencia que para muchos resulta inverosímil su elaboración con tecnología precolombina, lo cual da como consecuencia la repetición incesante del mantra seudocientífico conocido como “los aliens lo hicieron”. Con las celebérrimas Líneas de Nazca esto pasa hasta llegar al paroxismo.

La ciencia, empero, se ha encargado de disolver la ignorancia con evidencias tan numerosas como contundentes que revelan lo infundadas que son las afirmaciones seudocientíficas, específicamente aquellas que giran en torno a los grupos humanos cuyos rastros de su paso en este mundo son escasos o nulos. Por tanto, la ciencia ha realizado un trabajo muy arduo a la hora de desenterrar y reconstruir el pasado de Perú mediante innovaciones que han extraído de su suelo muchos más datos de los que cualquiera hubiera podido imaginar. Las Líneas de Nazca son y serán el epítome de un conjunto de hallazgos que han sido posibles gracias a los recientes avances de la ciencia, así como los de la tecnología, porque ya no serán vistas por los especialistas como simples trazos en el suelo.

domingo, 29 de junio de 2014

Venezuela Bananera en Marcha (II)

Preludio: ante todo pido disculpas a algunos lectores, principalmente algunos amigos míos, por no haber hecho esta entrada como lo había prometido en cuanto a mis críticas hacia la oposición venezolana y los partidos políticos que la componen (aunque el chavismo no sale indemne de este caos politiquero), pero mis compromisos universitarios me han absorbido el tiempo que normalmente dedico a investigar para los propósitos de este blog en el cual tengo la costumbre de utilizar enlaces y no pocas citas textuales. Por ello, aquí me centraré en poner en tela de juicio las presuntuosas virtudes criollas que, aunadas a varios defectos, conforman la masa deforme patriotera que se regocija en su incesante pedantería tricolor.

Efectivamente, es menester, por enésima vez, un cuestionamiento crítico y una condena de los cimientos socioculturales del bananerismo venezolano además de la venezolanidad en sí misma, los cuales sólo contribuyen a generar una visión de la nacionalidad que en realidad es un espejismo de estereotipos autoimpuestos. Las supuestas bondades de la “Pequeña Venecia” encierran paradojas, contradicciones y falacias cubiertas con engaños autocomplacientes respecto a su futuro, su presente y su pasado. La idiosincrasia criolla todavía fantasea con los mitos acerca del terruño en una caverna platónica llena de apariencias.

Conviene, pues, un desafío severo de la identidad nacional de Venezuela y una crítica a quienes la promueven con irresponsable ignorancia o de mala fe. Así, lo que nos hace venezolanos debe ser, de ahora en adelante, no un motivo de orgullo irracional colectivo sino un estímulo indetenible de crudas reflexiones que, a medida que amplíe este artículo, contienen las verdades que a muchos les resultan muy incómodas. 

viernes, 30 de mayo de 2014

Reflexiones mediáticas (I/III)

Los ataques a los medios tradicionales de comunicación se suelen centrar en la mediocridad, en la parcialidad y en la falsedad de la información, aparte de que éstos distraen a la gente para desviar la atención de sus problemas reales mediante patrañas publicitarias y una “guerra mediática” en la que un lobby quiere mantenernos bajo su yugo político-económico. No obstante, ¿en qué se basan estas afirmaciones tan osadas? En falacias, generalizaciones, mentiras, medias verdades y teorías desechadas que en hechos demostrados. En una ignorancia supina conspiranoica que en esta primera entrega de entradas me ocuparé de discurrir sucintamente lo relacionado a los medios tradicionales: la radio, la televisión, el cine y las publicaciones periódicas escritas.

Durante años, la comunicación humana ha sido una incuestionable necesidad que se ha refinado progresivamente a través de la tecnología, la cual ha dado a millones de personas un sinnúmero de datos que otrora estaban disponibles para una minoría. La veloz circulación de la información ha socavado las bases de un monopolio que tiene más posibilidades de lograrse en un país déspota donde se cercena la libertad de expresión y de pensamiento; en un país cuyos medios de comunicación sólo sirven a los intereses de un gobierno que se deshace de la competencia o le hace la vida imposible. Aunque no es el único ente en realizar prácticas antiéticas, el Estado tiene los recursos legales y políticos suficientes para consumar un objetivo de esta magnitud. 

Hollywood y sus aliados estadounidenses parecen ser los equivalentes del totalitarismo estatal porque supuestamente manipulan a las masas foráneas para que sus gustos cuadren con su colosal mercado cinematográfico y musical. Este megamonopolio, empero, suena demasiado bueno para ser verdad; si fuera cierto, Hayao Miyazaki habría caído en la bancarrota, así como cualquier disquera o casa cinematográfica del resto del mundo; la única moda provendría de Nueva York. Cuando mucho, las compañías norteamericanas dominan el pedazo más extenso del pastel occidental tanto como lo hace Bollywood en Asia; son macroindustrias cuyo trabajo se proyecta internacionalmente en plena era de la globalización.

viernes, 25 de abril de 2014

La "experiencia japonesa" de Tessa Morris-Suzuki

Describir el país del Sol naciente es una ardua labor en la cual la comunidad nipona, conformada por sus ciudadanos, se confronta con los hechos trascendentales en el tiempo que perduran en su memoria. Aparentemente, esta tarea puede equipararse a la que se ha realizado con las naciones occidentales, aunque en Japón hay un complejo paradigma digno de ser estudiado y comprendido sin prejuicios. Por ello, la historiadora angloaustraliana Tessa Morris-Suzuki ofrece al respecto un análisis con una visión orientalista en Cultura, etnicidad y globalización. La experiencia japonesa (Re-Inventing Japan: Time Space, Nation, en inglés).

En el primer capítulo (Introducción) la autora da una sinopsis del contenido del libro y expone el problema primordial al que se enfrenta su investigación sobre Japón, así como la justificación y los objetivos del mismo. Morris-Suzuki sostiene que “si se quiere llegar a decir algo es necesario generalizar, y por eso usamos categorías conceptuales que nunca podrán captar la sustancia fluida e iridiscente de la realidad en toda su complejidad” (p. 1); inmediatamente después añade:
“(...) las categorías que usamos comúnmente para estudiar un fenómeno como ‘Japón’ -nación, cultura nacional, sociedad japonesa, pueblo japonés- dejan demasiadas preguntas sin resolver, y por ello deben ser examinadas con más atención de la que se le ha dado hasta ahora. Como es sabido, las líneas divisorias entre grupos nacionales, étnicos o de otra identidad se han convertido en temas de intenso debate en los últimos años, (...). Pero en medio de este debate, términos clave como ‘cultura’, ‘etnicidad’ e ‘identidad’ se suelen proferir con tanta despreocupación que se han convertido en obstáculos en vez de ser un apoyo para entender mejor.”
Morris-Suzuki no tiene la intención de reestructurar la idiosincracia japonesa ni de innovar en los criterios étnico-raciales nipones, sino de “ahondar en las categorías de pensamiento que son la base de los conceptos de nación -las nociones de cultura, raza, etnicidad, civilización y de Japón mismo”, además de “descubrir cómo esas categorías se han utilizado en el contexto japonés” (p. 2). Este análisis, si bien se enfoca en sólo una porción del continente asiático, se caracteriza por su amplitud, ya que se tratan las “líneas divisorias” como estructuras dinámicas que pese a haber sido creadas por “dogmas fosilizados” se prestan para “la intersección, la multiplicidad, la movilidad y el cambio” (p. 7).