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domingo, 29 de junio de 2014

Venezuela Bananera en Marcha (II)

Preludio: ante todo pido disculpas a algunos lectores, principalmente algunos amigos míos, por no haber hecho esta entrada como lo había prometido en cuanto a mis críticas hacia la oposición venezolana y los partidos políticos que la componen (aunque el chavismo no sale indemne de este caos politiquero), pero mis compromisos universitarios me han absorbido el tiempo que normalmente dedico a investigar para los propósitos de este blog en el cual tengo la costumbre de utilizar enlaces y no pocas citas textuales. Por ello, aquí me centraré en poner en tela de juicio las presuntuosas virtudes criollas que, aunadas a varios defectos, conforman la masa deforme patriotera que se regocija en su incesante pedantería tricolor.

Efectivamente, es menester, por enésima vez, un cuestionamiento crítico y una condena de los cimientos socioculturales del bananerismo venezolano además de la venezolanidad en sí misma, los cuales sólo contribuyen a generar una visión de la nacionalidad que en realidad es un espejismo de estereotipos autoimpuestos. Las supuestas bondades de la “Pequeña Venecia” encierran paradojas, contradicciones y falacias cubiertas con engaños autocomplacientes respecto a su futuro, su presente y su pasado. La idiosincrasia criolla todavía fantasea con los mitos acerca del terruño en una caverna platónica llena de apariencias.

Conviene, pues, un desafío severo de la identidad nacional de Venezuela y una crítica a quienes la promueven con irresponsable ignorancia o de mala fe. Así, lo que nos hace venezolanos debe ser, de ahora en adelante, no un motivo de orgullo irracional colectivo sino un estímulo indetenible de crudas reflexiones que, a medida que amplíe este artículo, contienen las verdades que a muchos les resultan muy incómodas. 

viernes, 30 de mayo de 2014

Reflexiones mediáticas (I/III)

Los ataques a los medios tradicionales de comunicación se suelen centrar en la mediocridad, en la parcialidad y en la falsedad de la información, aparte de que éstos distraen a la gente para desviar la atención de sus problemas reales mediante patrañas publicitarias y una “guerra mediática” en la que un lobby quiere mantenernos bajo su yugo político-económico. No obstante, ¿en qué se basan estas afirmaciones tan osadas? En falacias, generalizaciones, mentiras, medias verdades y teorías desechadas que en hechos demostrados. En una ignorancia supina conspiranoica que en esta primera entrega de entradas me ocuparé de discurrir sucintamente lo relacionado a los medios tradicionales: la radio, la televisión, el cine y las publicaciones periódicas escritas.

Durante años, la comunicación humana ha sido una incuestionable necesidad que se ha refinado progresivamente a través de la tecnología, la cual ha dado a millones de personas un sinnúmero de datos que otrora estaban disponibles para una minoría. La veloz circulación de la información ha socavado las bases de un monopolio que tiene más posibilidades de lograrse en un país déspota donde se cercena la libertad de expresión y de pensamiento; en un país cuyos medios de comunicación sólo sirven a los intereses de un gobierno que se deshace de la competencia o le hace la vida imposible. Aunque no es el único ente en realizar prácticas antiéticas, el Estado tiene los recursos legales y políticos suficientes para consumar un objetivo de esta magnitud. 

Hollywood y sus aliados estadounidenses parecen ser los equivalentes del totalitarismo estatal porque supuestamente manipulan a las masas foráneas para que sus gustos cuadren con su colosal mercado cinematográfico y musical. Este megamonopolio, empero, suena demasiado bueno para ser verdad; si fuera cierto, Hayao Miyazaki habría caído en la bancarrota, así como cualquier disquera o casa cinematográfica del resto del mundo; la única moda provendría de Nueva York. Cuando mucho, las compañías norteamericanas dominan el pedazo más extenso del pastel occidental tanto como lo hace Bollywood en Asia; son macroindustrias cuyo trabajo se proyecta internacionalmente en plena era de la globalización.

viernes, 25 de abril de 2014

La "experiencia japonesa" de Tessa Morris-Suzuki

Describir el país del Sol naciente es una ardua labor en la cual la comunidad nipona, conformada por sus ciudadanos, se confronta con los hechos trascendentales en el tiempo que perduran en su memoria. Aparentemente, esta tarea puede equipararse a la que se ha realizado con las naciones occidentales, aunque en Japón hay un complejo paradigma digno de ser estudiado y comprendido sin prejuicios. Por ello, la historiadora angloaustraliana Tessa Morris-Suzuki ofrece al respecto un análisis con una visión orientalista en Cultura, etnicidad y globalización. La experiencia japonesa (Re-Inventing Japan: Time Space, Nation, en inglés).

En el primer capítulo (Introducción) la autora da una sinopsis del contenido del libro y expone el problema primordial al que se enfrenta su investigación sobre Japón, así como la justificación y los objetivos del mismo. Morris-Suzuki sostiene que “si se quiere llegar a decir algo es necesario generalizar, y por eso usamos categorías conceptuales que nunca podrán captar la sustancia fluida e iridiscente de la realidad en toda su complejidad” (p. 1); inmediatamente después añade:
“(...) las categorías que usamos comúnmente para estudiar un fenómeno como ‘Japón’ -nación, cultura nacional, sociedad japonesa, pueblo japonés- dejan demasiadas preguntas sin resolver, y por ello deben ser examinadas con más atención de la que se le ha dado hasta ahora. Como es sabido, las líneas divisorias entre grupos nacionales, étnicos o de otra identidad se han convertido en temas de intenso debate en los últimos años, (...). Pero en medio de este debate, términos clave como ‘cultura’, ‘etnicidad’ e ‘identidad’ se suelen proferir con tanta despreocupación que se han convertido en obstáculos en vez de ser un apoyo para entender mejor.”
Morris-Suzuki no tiene la intención de reestructurar la idiosincracia japonesa ni de innovar en los criterios étnico-raciales nipones, sino de “ahondar en las categorías de pensamiento que son la base de los conceptos de nación -las nociones de cultura, raza, etnicidad, civilización y de Japón mismo”, además de “descubrir cómo esas categorías se han utilizado en el contexto japonés” (p. 2). Este análisis, si bien se enfoca en sólo una porción del continente asiático, se caracteriza por su amplitud, ya que se tratan las “líneas divisorias” como estructuras dinámicas que pese a haber sido creadas por “dogmas fosilizados” se prestan para “la intersección, la multiplicidad, la movilidad y el cambio” (p. 7).

jueves, 27 de marzo de 2014

Zeitgeist: Addendum; otro filme de falacias y mentiras

En el 2008, un año después de la aparición de Zeitgeist: The Movie, Peter Joseph sacó a la pantalla internetera la secuela de esta serie de seudodocumentales, la cual se titula Zeitgeist: Addendum. El filme se divide en cuatro partes:

a)Parte I: el dinero y la deuda como causas de la ruina económica mundial.

b)Parte II: el imperialismo de los Estados Unidos en naciones extranjeras.

c)Parte III: Jacque Fresco y el Proyecto Venus. Problemas sociales y medioambientales de la era moderna.

d)Parte IV: propuestas de cambio. El ser humano como ente biológico atado a su entorno.

Zeitgeist: Addendum ha recibido críticas nada benévolas porque no sólo no ha podido sellar las grietas (o mejor dicho, troneras) dejadas por Zeitgeist: The Movie, su entrega predecesora, sino que las agrandó y abrió otras más. Por ende, desmentiré este filme siguiendo estos lineamientos:

a.-El análisis no se hará punto por punto, sino por segmentos; de allí que no habrán cuadros-resumen ni se contabilizarán las afirmaciones.

b.-Las citas textuales de Zeitgeist: Addendum (cuya transcripción pueden leer aquí) serán empleadas cuando sea oportuno.

c.-Este artículo tiene como antecedentes los trabajos de The Skeptic Project, Natsufan y Chemazdamundi. Sin embargo, en esta ocasión habrá más investigación de mi autoría.

Veamos por qué Zeitgeist: Addendum es de todo, menos un documental.

jueves, 20 de febrero de 2014

Los refranes de la ignorancia

Vivimos rodeados de refranes: los decimos con una asombrosa frecuencia en un sinnúmero de circunstancias cotidianas que nos indican la presencia de la informalidad. Además, solemos aprenderlos interactuando en conversaciones con otros hablantes y captamos inmediatamente su significado pese a sus distintas versiones; por ello es que son transmitidos de generación en generación gracias a la oralidad, aún cuando hay registros en la escritura. La cultura se encarga de almacenar estas frases populares en las cabezas de sus individuos para así ser utilizadas como una navaja suiza verbal caracterizada por su brevedad, contundencia, practicidad, precisión y elocuencia. Esta es su incontestable ventaja, aunque nunca está de más mirar la otra cara de la moneda con algunos ejemplos representativos.

Suele pensarse que hay un vínculo entre la inteligencia y la concisión al expresar una idea compleja con un enunciado sencillísimo, pues a buen entendedor, pocas palabras bastan. Esto sería enteramente cierto si no fuera por un curioso detalle: los refranes son metáforas de los hechos, y como sabemos ad nauseam, las metáforas, al igual que otras tantas figuras retóricas, se prestan para múltiples interpretaciones. Las oraciones cortas, gestos o ademanes omiten datos relevantes que deberían hacerse más explícitos, dejando espacio a las confusiones. Las señales de tráfico, diseñadas con símbolos y/o un mínimo de texto para proveer información, en varias ocasiones o son desmemoriadas con facilidad por los conductores y los peatones, o simplemente son ininteligibles. 

lunes, 23 de diciembre de 2013

Dame Pa' Matala: de buen sonar pero de mal razonar

Personalmente, soy poco amigo de la música de protesta, y por tres motivos. Primero, porque la lucha por un mundo mejor no se entona, sino que se hace con los hechos y la razón siempre a la vanguardia. Segundo, porque sobran las canciones que enfocan con miopía (en el peor de los casos con hipermetropía, presbicia o cataratas) los problemas a resolverse. Y tercero, porque estas melodías son armas verbales paradójicas; son compuestas para servir al pueblo, pero se prestan para promover la agenda de un gobierno o de un partido que se aprovecha de él.

Ha de constar que esta música dispone de buen material, pero ese lado “rosado” ya ha sido escuchado ad nauseam; no necesito hablar de ello. Sin embargo, es menester revisar el lado “oscuro” de las voces indignadas de la protesta cantada, como la banda española Ska-P (cuyas críticas han sido dadas por panas como Rubén Rojas Gratz y David Osorio) y la agrupación venezolana Dame Pa’ Matala, de la cual me ocuparé en esta entrada en sus temas con mayor popularidad en el público, sin ningún orden en particular.

Comienzo con Venezuela. La letra es predecible por el título de la canción, aunque conviene oírla, no juzgar al libro por su portada


El coro sintetiza el germen de su soberbia patria: el adoctrinamiento educativo (“de chamo lo aprendí en la escuela”) que “enseña” a “amar” y “cuidar” el país a toda costa. Evadir esta responsabilidad es sinónimo de ser un Judas Iscariote ante los coterráneos (“y si no lo hacía, sería como traicionar/el amor de la madre que me enseñó a caminar”). Este es un paradigma común en Venezuela y en muchos otros países cuya mentalidad no parece salir de las primeras cinco décadas del siglo XX (o quizás ni siquiera del siglo XIX).

jueves, 28 de noviembre de 2013

Planeta desencantado. Capítulo 2 - La isla bonita

Saludos cordiales a todos los lectores.

Menos para aquellos cenutrios que por ignorancia supina o por ganas de joder trollear han decidido usar las normas para comentar como papel higiénico (recordando que en Venezuela ha habido escasez de este producto), entre ellos un partidario de la homeopatía que pasó por aquí queriendo “debatir” aunque escondió su nombre real mediante un nickname, un correo electrónico no verificable y “mudanzas” en su dirección IP. Cuando supe que ese “ente” hizo lo mismo en otros sitios escépticos y en mi blog de descargas, me vi en el penoso deber de banearlo, añadiendo otras dos razones de peso:

-Porque no ha dado la cara, como lo estoy haciendo yo. Lo siento; acá las conversaciones se hacen en igualdad de condiciones. Y del mismo modo en que un político negaría un debate televisado con un tipo cubriendo su cabeza con una bolsa de papel, yo me niego rotundamente a intercambiar opiniones con un “sujeto” cuya identidad virtual es sólo una irresponsable máscara para salir impune de sus faltas.

-Porque no obtengo nada a cambio; ni monetariamente, ni académicamente. Ni el desbloqueo de algún logro en el Xbox 360. Escribo este blog con mucho placer y gratis, y si no recibo un céntimo o un título universitario por ello, mucho menos recibiré algo por “debatir” con homeopatrolls enfurecidos.

En tal caso, le digo a ese adepto homeopático lo siguiente: váyase a la mierda al carrizo y bájele dos a su conducta impulsiva de “cazaescépticos”. Agradezca que lo he bloqueado, pues ni usted pierde su tiempo, ni yo pierdo el mío. En mi agenda tengo montones de cosas importantes que hacer, y atenderlo a usted no está anotado entre ellas. De hecho, su camuflada existencia digital es tan insignificante que sólo he hablado de ella como un aviso previo dirigido a quienes intenten pasarse de la raya; fuera de eso, toda discusión sobre usted y sus andanzas no pasará de este párrafo.

Bien, basta de preámbulos, a lo que iba. Hay mucha tela que cortar.